
Me van a permitir la vulgaridad y cita a Matías Prats: ¿pero qué esto qué coño es? Y ahora me explico, no se preocupen.
Quizás les resulte liviano el insulto a la inteligencia de los que disfrutamos de la música de una forma libre y espiritual el hecho de que discográficas, marcas de cerveza y grandes almacenes hayan comenzado a aprovechar la celebración del día de la música, que en Francia cuenta con 28 años de vida, con la muy pérfida idea de colarnos a sus grupos en período de promoción como si fueran goles de primera categoría.
A mi la situación anterior no me parece de recibo, pero al fin y al cabo estamos acostumbrados a vivir entre mercenarios: el último acto de dudosa integridad lo protagoniza el mismísimo Ramoncín, que se ha apuntado al carro de Operación Triunfo, en calidad de jurado, después de iniciar hace siete años una campaña en contra de este formato por considerarlo “negocio puro y duro” y no “arte”.
No nos queda otra solución, además del paso del tiempo, que resignarnos ante las habituales faltas de respeto hacia la música como Arte, pero por lo más quieran, no nos quedemos impasibles frente a atentados contra nuestra propia inteligencia como, y aquí viene la mandanga, el que El País, Heneiken y Radio3 cometen estos días con motivo de la celebración del puñetero día de la música: nos regalan una colección de canciones en formato digital, a razón de una al día, pero, ojo al dato, sólo “hasta agotar existencias“. ¿Significa eso que han clonado y ordenado en ene carpetas el mp3 del día y sólo otros tantos afortunados podrán bajarlo? O, por el contrario, ¿que no han encontrado una forma menos ridícula de poner límites cuantitativos a su supuesta filantropía y amor por la música?

La pregunta que me atormenta es básica: ¿somos realmente tan gilipollas? Confío en que al menos el 95% de los internautas sepan que un archivo digital puede descargarse tantas veces como el espacio de nuestro servidor lo permita, de modo que trasladar a la esfera digital el concepto de “hasta agotar existencias”, justo después de que Chris Anderson nos explicara las ventajas del “almacén digital” en su magnífico libro sobre la Long tail, es uno de los intentos más torpes, indignos, farfulleros y sinvergüenzas de manipularnos de los que tengo constancia hasta la fecha.
Dicho lo anterior, sólo queda un alivio posible: métanse sus canciones de pacotilla por donde les quepa, señores del traje y la corbata, que yo prefiero irme al sitio web de Elvis Costello y escuchar las canciones de su último disco sin preocuparme por las existencias, o quizás abrir Spotify y escuchar lo que me venga en gana. O, aun mejor, llegar a casa y pinchar mi vinilo de 1000 hurts de Shellac, justo en Prayer to god y, como siempre que necesito desahogarme, gritar aquello de “Kill him just fucking kill him, I don’t care if it hurts” hasta quedarme afónico. Eso es música, joder. Lo demás es cosa de negociantes…
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bien, coño, bien
También te servía la famosa cita de Sara Montiel “pero que invento es esto”.
Y no tengo nada más que comentar que me pongo de mala hostia con estas cosas.
Música digital: Sólo hasta agotar existencias…
c&p No nos queda otra solución, además del paso del tiempo, que resignarnos ante las habituales faltas de respeto hacia la música como Arte, pero por lo más quieran, no nos quedemos impasibles frente a atentados contra nuestra propia inteligenc…
Ve con cuidado. Dicen que nombrar a Ramoncín en un blog conlleva pena de cárcel
Jejeje. Anda tú con cuidado, que como me pidan responsabilidad legal por los comentarios… te puedo identificar!
[...] Morla, Cristina Ronsenvinge etc…y han hecho mucho ruido en los medios regalando una canciones, con aforo limitado, en un periódico de tirada nacional y que agotadas existencias puedes conseguir ahora [...]