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El efecto Pitchfork

05.10.06 | música, periodismo | Dispara!

Hace un par de días les hablábamos de Pitchforkmedia a propósito de la durísima (pero quizá justa) crítica que uno de los redactores publicó sobre el último disco de los australianos Jet. El caso es que, de algún modo, el criterio arriesgado, siempre duro y muy indie de los chicos de Pitchforkmedia ha conseguido que un proyecto que vio la luz como fanzine musical on line acabe siendo un nombre de referencia mundial dentro del mercado de la música que llamamos alternativa.

Por otro lado debo decir que, una vez superada la sana envidia que provoca, la suerte de tener compañeros de trabajo que se pasen buena parte del tiempo asistiendo a congresos en medio mundo es que cuando van a EE.UU. vuelven tan cansados y han pasado tanto tiempo en un avión que, bien no se dan cuenta de que les robas la revista Wired durante un par de días, o bien no les importa en absoluto.

En cualquier caso tengo en mis manos el número de septiembre de dicha publicación, que dedica la portada esto que llaman “el renacimiento de la música”, o lo que es lo mismo, a las nuevas formas de entender el negocio musical, las nuevas fórmulas para publicar un disco y los actores que más influyen en esta pequeña revolución. Pasando muy por encima por algunos de los temas más calientes que atañen al principal, les recomiendo la entrevista a Beck, en la que habla sobre su último ¿disco? Guero, una suerte de compilación multimedia en diversos formatos y sin tracklist fijo que se ha convertido en su última referencia oficial, sin ser una referencia en sí misma. También les recomiendo la historia del videoclip de OK Go que su discográfica nunca aceptó y que ahora imitan chavales de Vietnam gracias a Youtube, y que le echen un vistazo a la última vuelta de tuerca al género hip-hop: el nerdcore ya está aquí.

Ryan Schreiber en Flickr por kathryn

Como les decía es la entrevista a Pitchfork, o más bien a su editor (Ryan Schreiber, en la foto por cortesía de Kathlyn), lo que más me ha llamado la anteción. Me parece interesante en la medida en que cuenta la historia de cómo un proyecto que nació hace diez años como algo absolutamente personal y sin pretensiones ha ido creciendo a lo largo de los años hasta convertirse en una guía de referencia que define el estado del mercado de la música que no entra en los tops 40. El artículo relata cómo influyó la opinión de Pitchfork en la difusión de banas que en estos momentos están en la primera división del indie como los canadienses Broken Social Scene, los también canadienses The Arcade Fire o cómo la redacción no ha tenido problemas en puntuar muy a la baja trabajos de dinosaurios intocables como Sonic Youth. O como explicábamos en los últimos días, cómo no se cortan un pelo publicando una crítica en el que el único argumento en contra de un disco lo explica un primate bebiéndose su propia orina. Más.

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