¿Qué hacen Patti Smith, Blondie, Tommy Ramone, la mamá de Joey Ramone, Cindy Lauper, Chris Frantz y Tina Weymouth de Talking Heads, los miembros de Public Enemy, Fred Schneider de The B52’s, Tony y Richie de Los Soprano, Girls Against Boys, Jon Spencer, Pere Ubu, PJ Harvey, Sleater Kinney y Yo La Tengo juntos, y sin que sirva de precedente, pero no revueltos?
Está clarísimo: intentar salvar el CBGB. La mítica sala de conciertos de Nueva York, que ha visto nacer bandas tan emblemáticas como Blondie, Ramones, Public Enemy o Talking Heads está a puntito de cerrar sus puertas por problemas económicos.
Tras 31 años como punto de referencia en la vanguardia de la música popular, sus dueños lanzan un mensaje casi desesperado al resto del mundo para que apoye su causa. De regalo, webcast de interesantísimos conciertos.
A propósito, ¿alguien sabe de dónde vienen las siglas CBGB & OMFUB? La Wikipedia (por supuesto, la sala es lo suficientemente importante como para tener su propia entrada) lo explica muy claro:












[...] Lo sabíamos desde hace algún tiempo: el mítico club neoyorquino CBGB & OMFUB (siempre me ha gustado decir esto: siglas de Country, Bluegrass, and Blues and Other Music For Uplifting Gormandizers) estaba en peligro de extinción por problemas económicos. Anoche el club echó el cierre definitivo con una actuación que pasará a la historia de la música moderna: Deborah Harry, de 61 años, cantante de Blondie, despidió el club con un emotivo concierto en el que, según cuenta la agencia Reuters, las últimas canciones que sonaron fueron Hanging on the Telephone y Call me, dos clásicos de la new wave americana que sirvieron para despedir su club más emblemático. Por él pasaron The Ramones, Television, Blondie, ACDC, John Cale, Elvis Costello, Big Star, The Damned, The Dictators, Patti Smith, Bruce Springsteen y un sinfín de nombres históricos que venden o vendieron discos como churros. Y todo porque el propietario del edificio en el que se alojaba el club se negó a renovar el alquiler a los dueños del local. El caso es que, ante la imposibilidad de reabrir CBGB en otro emplazamiento (por los costes derivados del cambio, y supongo que por el elevado precio de los alquileres de Nueva York), nos hemos quedado sin un pedazo de la historia del pop. Y eso que había una campaña que pretendía salvar al club del cierre. Alguien debería haber legislado en su contra. [...]